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del 22 de diciembre al 25 de enero

Figuración Contemporánea

Aurora Vigil-Escalera Galería de Arte presenta, del 22 de diciembre al 25 de enero, su última exposición del año, Figuración Contemporánea, en la que se podrán contemplar obras de los artistas Jorge Hernández, David Morago, Javier Torices, Alejandro Bombín y Gonzalo García.

Esta colectiva, ya tradición en la galería tras sus pasadas ediciones en 2016 y 2018, trae las variadas perspectivas de cinco artistas que han decidido centrar su producción en el arte figurativo, aportando cada uno diferentes lenguajes artísticos, sensibilidades y formas de interpretar la realidad y un estilo artístico arraigado en la tradición que se ve obligado a modernizarse continuamente para mantenerse relevante.

Jorge Hernández (Huelva, 1973) aborda este desafío con sus icónicas escenas inspiradas en el arte pop y el Hollywood más clásico. Personajes con vestimentas de los años 60, 70 y 80 pueblan vastos paisajes y modernas arquitecturas envueltas en un aire de misterio que recuerda al cinema noir y a directores como Hitchcock y Kubrick. El talento de Hernández para confrontar elementos descontextualizados dentro de sus pinturas acrílicas con el uso de cánones establecidos y su sentido de la composición, fuertemente marcado por una voluntad narrativa, lleva al espectador a imaginarse toda una historia dentro del momento congelado que contempla ante sí. El uso de una brillante resina para cubrir la pintura otorga al cuadro final un aspecto atemporal y casi onírico.

Continúa con la vertiente pictórica David Morago (Madrid, 1975), con una propuesta sacada del mundo animal, como viene siendo habitual en su producción desde hace años; arraigada en la naturaleza y replicando fauna y flora en su peculiar “gabinete de curiosidades”, inspirado en la práctica renacentista de coleccionar y exhibir pinturas junto a minerales, especímenes botánicos y zoológicos, etc. El extraordinario realismo de sus animales, dos caballos y un bisonte de gran formato, contrasta con el espacio abstracto en el que el artista ha querido situarlos. Un fondo neutro que destaca el pelaje del animal, interrumpido por pinceladas coloridas que rompen la monotonía de la obra. Dotando lo que hubiera sido un perfecto ejercicio académico en realismo de cierto humor y un sello de identidad. Un guiño del artista al espectador.

Del minucioso realismo “roto” de Morago, pasamos al hiperrealismo de Javier Torices (Madrid, 1968). Inicialmente interesado en la abstracción y la pintura al óleo, Torices dedica desde hace años su producción al acrílico y al paisaje, especialmente al mar y todas sus posibilidades expresivas y lumínicas. Sus marinas dejan patente el dominio y la maestría técnica de Torices a la hora de captar la luz y sus matices. Así como la sensibilidad del artista que otorga a cada obra de una poderosa carga emotiva que lleva, tanto al espectador como al propio artista, a volver a estas imágenes una y otra vez. Ya sea a través de violentos oleajes o de mares apacibles, desde un puerto a una orilla y a alta mar, la cuidadosa pincelada azul de Torices nos sumerge en una realidad, tan parecida a la nuestra pero absolutamente propia del artista, que irremediablemente atrae la mirada en sus profundidades, haciéndola partícipe de una experiencia al tiempo sugerente y sobrecogedora.

Por su parte, el universo personal de Alejandro Bombín (Madrid, 1985) nos hace partícipe de sus preocupaciones en torno a la sobreinformación y el carácter, al tiempo efímero y viral, que cobran las imágenes en nuestra sociedad tecnológica actual. A través de Doppleganger y Desdoblamiento, dos pinturas que se reflejan sobre su eje central como en un espejo (o como ese “desdoblamiento” al que alude uno de los títulos”), y “Tándem”, un juego visual con connotaciones sexuales, vemos las diferentes percepciones que puede generarse de una misma imagen y llevar, en muchos casos, a la transmisión errónea de información visual. El estilo pictórico arraigado en el pasado del artista enfatiza aún más la apreciación de la imagen como un registro metamórfico y de carácter perecedero. Y, sin embargo, Bombín plantea en su exploración por el error y la memoria, que el acto de recordar una percepción puede constituir un fenómeno corruptor, pero también de reinterpretación, con un valor creativo e incluso artístico inherente.

Termina este repaso por la figuración contemporánea Gonzalo García (Gijón, 1966) como representante de la vertiente escultórica en la exposición. Con el pie humano como tema principal, desde postulados surrealistas al realismo más académico, García centra su atención en las posibilidades expresivas de los materiales. Dos gemelas inversas de aluminio y cobre dan paso a la talla de madera (tilo, como es habitual en su producción, que el artista trabaja no en tocones, sino uniendo barras de madera de sección cuadrada) antes de llegar a la última pieza hecha con cuchu. Este curioso material que ha marcado la producción del artista a lo largo de más de 25 años se basa en estiércol fermentado con materia vegetal, deshidratado, pasteurizado y aplicado con polivinilo. La proeza técnica y los juegos e investigaciones matéricas que han llegado a caracterizar el trabajo de García, convierten cada pieza en la sala, basada en el mismo modelo, en una obra completamente diferente y de carácter propio.