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del 10 de junio al 2 de agosto de 2022

Color - Pablo Armesto

La luz como camino y como meta; la metáfora, la filosofía y la estética como búsqueda y a la vez hallazgo. El misterio, las tensiones, la precisión, la poética, las fugas, la vida, el cosmos. Esos son los músculos que mueven la obra de Pablo Armesto (Schaffhausen, 1970), nuevo invitado en Aurora Vigil-Escalera Galería de Arte, entre cuyas paredes construye, a modo de exposición de cámara, una prolongación del Museo de Bellas Artes de Asturias, donde semanas atrás levantó los sillares de la arquitectura que sostiene su presente, del nuevo y brillante proyecto que ahora consolida aquí, en Gijón, como una alianza deslumbrante con el color, al que regresa tras más de una década de transitar entre los blancos absolutos y los negros rotundos, muchas veces sosegados en grises. De hecho así, ‘Color’, se titula esta muestra que supone un cambio estético, pero no ético. Mantiene Armesto criterio, filosofía, valores y resplandor. Laten en él el alma cósmica que define su pretérito perfecto, el mismo espíritu y las mismas energías. La poderosa alianza entre la plástica y la luz, la geometría que lo conjuga todo, los tránsitos, la inquietud, los símbolos. Los versos de la materia y del espacio. Esa parcela interior del artista, que indaga, investiga, se pregunta y acaba volcada en las paredes a modo de pinturas volumétricas o en esculturas exentas elevadas sobre el suelo, a veces pendientes del techo, en las que los lenguajes y las intenciones creadoras se alimentan, dialogan y se combinan. Te miran y se dejan mirar, a través de sus nervios de luz, como un imán irresistible, casi hipnótico, que te invita a entrar en sus enigmáticas constelaciones. Esas bellísimas formas estrelladas, a las que en algunas obras parece haber peinado con una vía láctea y que tienen en su conjunto el poder de una atmósfera onírica, pero que están dominadas por la voluntad de un universo en el que el principal habitante es, sin duda, la razón.

La nueva cita de Pablo Armesto con su galería de cabecera en Asturias nace, como la globalidad de su trabajo, del interés pleno ante todas las aristas de la vida y del conocimiento. Por ende del arte. Ese interés que sosiega con investigación incansable y horas y horas de trabajo. Y ahí, en ese lugar de inquietud, es donde se engendra todo. Como la gran invitada de esta exposición, una pieza de enorme formato, eje principal del conjunto, titulada ‘360’ que ocupa la pared frontal a modo de escultura vertical y cuyo título juega con varios significados, desde el que da medida en centímetros, de lado a lado, a su extraordinaria envergadura, hasta el que suma las líneas que estructuran su verticalidad lumínica, pasando por el que hace evaluación integral de un giro infinitamente metafórico, si se atiende a los números en grados. Giro, que pese al gran viaje que aporta, vuelve simbólicamente al punto de partida, lo que no determina que sea necesario quedarse quieto ante sus formas.

En realidad ante ninguna de las obras de Armesto hay que permanecer inmóvil. Muy al contrario. Moverse ante ellas e indagar en las diferentes perspectivas y contrastes permite disfrutar al máximo de la materialización de sus planteamientos teóricos respecto a la luz, participar de la matemática de sus señales y ahora también de su brillante paleta de color. Un color que está en toda la exposición. Por supuesto, en la mencionada ‘360’. También en otra de las grandes protagonistas, la escultura dinámica ‘Warm Sphere’, que espera como un meteorito pacífico miradas y sorpresas variando su luminosidad en círculos y jugando en silencio con el observador mientras emite resplandores intermitentes justo a la derecha de la sala, entre dos piezas más pequeñas que destellan abismos en azul y rojo. Está el color en las estrellas que las observan en frente levitando sus haces fulgurantes mínimamente policromados, pero inundados de tonalidad en su proscenio y está, como no, en ‘Stellar Warm’ la escultura que se eleva sobre el suelo abrazada en amarillos, envolviendo su delicado, casi quebradizo por la incandescencia, núcleo de luz.

El color y su metafísica, que no viene solo a esta cita, sino pleno de doctrina, es no ya el gran convidado, que ese sigue siendo el arte mismo, pero si un nuevo anfitrión que Armesto define con dos conceptos imprescindibles en su trabajo: “Aditivo y sustractivo”. Dicho de otro modo, los rojos, amarillos y azules que ahora inundan su presente creativo y la sala de la calle Capua no son únicamente esos tonos, sino la suma y la resta de otros. Al igual que el blanco inmaculado y el negro categórico característicos de la etapa anterior, eran, uno, la suma total de todos los colores y el otro, su resta concluyente. Ambos, al final, el fruto de una travesía de extremo a extremo por la que ahora transita de nuevo, pero deteniéndose en el gran espectro que va creando el camino.

Y no es solo este encuentro con el color el resultado de una ecuación precisa o una teoría sobre la materia y la esencia del ser. También es una parada en el pensamiento positivo, una experiencia enriquecedora emocional y físicamente. “Una experiencia que transforma”, dice el artista asturiano. A ella llegó como consecuencia de la pandemia, que se detuvo en su casa, en su inmenso estudio de Villaviciosa, como en la vida de todos. Fue, precisamente, al salir de ella cuando, buscando el lado amable del turbulento ensayo distópico al que nos habían sometido, se encontró con un nuevo yo que necesitaba una nueva iluminación. La materia le importa mucho a Pablo Armesto, tanto como el alma de la obra, pero por encima de ella está la sustancia reina, el pensamiento. Es él el que permite que sus composiciones lumínicas mantengan una relación activa entre el microcosmos y el macrocosmos.

La trayectoria del artista que hoy presenta en Gijón Aurora Vigil-Escalera, mientras ocupa el patio columnado y sus salas adyacentes en el Palacio de Velarde, de Oviedo, ha sido aplaudida en multitud de paredes nacionales, pero también internacionales. Su talento, su luz, ha viajado por medio mundo y ahora está aquí para ser disfrutado a todo color cerca del mar.

Paché Merayo