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Plural

desde el 18 de Julio

Es un placer presentar, para nuestra programación de verano en la sala gijonesa de Aurora Vigil-Escalera Galería de Arte, Plural: una exposición colectiva que reúne -y continuará reuniendo a lo largo de sus diversos pases- algunas de las voces más representativas y reconocibles de nuestro programa artístico en un encuentro entre lenguajes y sensibilidades que se enriquecen mutuamente.

Abren la exposición los acrílicos de Javier Torices, donde el mar se convierte en mucho más que un paisaje. La luz y el movimiento del agua impecablemente retratados son emoción pura, fruto de un profundo conocimiento sobre la pintura y un paciente estudio previo. Nos saludan a lo lejos el cerro de Santa Catalina y el icono de Chillida en un bonito homenaje a la ciudad que, año tras año, acoge al toledano con nuevas alabanzas.

Continuamos con un guiño cómplice firmado por Moisés Yagües, cuyos tributos a los maestros Keith Haring y Joan Miró en su célebre serie Los Ayudantes, explora el proceso creativo mediante sus pequeños protagonistas de rasgos amigables y posturas enérgicas, siempre dispuestos a cualquier reto artístico. Muy cerca, Iván Quesada alterna delicados paisajes de pequeño formato con escenas en grandes lienzos en las que un tranquilo día de campo o el interior de un atelier adquieren un carácter teatral gracias a su particular sentido del humor, una composición y técnica asombrosas herederas de los grandes artistas del siglo XIX y una marcada sensibilidad contemporánea.

El protagonismo de los personajes con un trasfondo narrativo que invita a la mirada pausada se encuentra también en las obras de Carol Solar, herederas del cómic, la ilustración y la cultura popular. Entre colores vibrantes y composiciones llenas de pequeños detalles, la artista invita al espectador a completar el relato, de la misma forma en la que Jorge Hernández confía en la capacidad del espectador para encontrar significados a los objetos descontextualizados que presentan sus oníricas composiciones congeladas en resina. El Nostálgico muestra a su protagonista entre un coche -siempre con esa estética vintage que tanto le caracteriza-, y un monumental helado Frigopie. Una llamada al recuerdo y la inocencia infantil enredada en la lógica de un sueño.

Continúa la figuración con la delicada pincelada del surrealista Mario Soria, que nos introduce en un universo propio de estudiadas repeticiones y desdoblamientos que causan una sensación casi de desconcierto, a la que también contribuye una fauna y una flora de aspecto inesperado y alienígena. Con gran sentido del humor, completa su composición más allá de la pintura con la incorporación de juguetes unidos al marco, que rompen los límites tradicionales del cuadro y convierten la obra en un híbrido entre pintura y escultura.

Llegamos en nuestro recorrido a las fachadas arquitectónicas de Francisco Mayor Maestre, cuyos ladrillos se construyen con capas y capas de veladuras, superponiendo dibujo académico, divertidas notas de collage que atraen la mirada y un gamberro uso del spray que “vandaliza” sus propias obras. Su conseguido ritmo que parte del juego y la interrupción de patrones geométricos le conecta con la cuidada abstracción geométrica de Anita Suárez de Lezo, y una nueva pieza de su serie predilecta, Colornection, una investigación sobre la capacidad del color para despertar emociones y construir espacios de contemplación.

Las relaciones entre el color y la emoción también forman la base de las investigaciones de Santiago Picatoste, si bien en las obras del mallorquín se sustituye el delicado orden por una aplicación frenética y totalmente libre de los pigmentos sobre el lienzo y el papel. Los tonos flúor y la intensidad gestual continúan en las obras de Ismael Lagares.

Una explosión de color, materia y energía que llega hasta a despegarse del lienzo para formar sus divertidos “perritos” de masa pictórica.

Entre las múltiples obras que habitarán la galería en los próximos meses, destacamos la escultura pétrea de dos artistas completamente diferentes y con dos planteamientos totalmente personales. Tadanori Yamaguchi entiende la materia escultórica como un agente vivo con el que el artista conversa, y a través del cual se comunica también con el espectador en un diálogo entre ojo y objeto, reflexión e intuición, naturaleza e intervención humana. Frente a esa mirada introspectiva, Mico Rabuñal convierte la memoria colectiva, la nostalgia y la cultura popular en un ejercicio de virtuosismo técnico en el que objetos de apariencia familiar, tallados y policromados con sumo cuidado en mármol, se convierten en iconos atemporales capaces de despertar el recuerdo y la sorpresa al mismo tiempo.